Luján Sáez sacó a la pasarela su propia marca y dejó en claro que el apellido no le alcanza
La hija de Santiago Sáez presentó LS en la última Bafweek con una colección debut llamada N.1, pensada como experiencia nocturna con música en vivo y un equipo de musas propias.

Soy Paula Nallim y arranco esta nota como me gusta arrancar: desde un lugar concreto. Esta vez el lugar es la pasarela de Bafweek, donde hace pocos días debutó Luján Sáez con LS, la marca de moda urbana que decidió armar con nombre propio. No es una diseñadora que aparezca de la nada: es hija de Santiago Sáez, creador de Ona Sáez, la firma que durante mucho tiempo marcó el pulso del diseño argentino de principios de siglo, y de una madre que se movió toda la vida como productora de moda. Luján creció en ese living. Pero aclara, con una calma que llama la atención, que su intención nunca fue seguir el mismo camino: quería uno paralelo.
N.1, la primera colección
La colección debut se llama N.1 y ese título ya es un mensaje: es un punto de partida, no una declaración de llegada. La propuesta combina denim, cuero, encaje y foil, con siluetas amplias, pantalones exagerados, capas y superposiciones que juegan a tirar la balanza entre lo deportivo y lo glamoroso. La estética es nocturna, urbana, con brillos pensados para entrar a un boliche porteño o a un recital y sentirse una más, pero distinta. El denim, según ella misma cuenta, es la tela central de LS, y el resto se va sumando alrededor.
El desfile no fue un clásico recorrido de modelos entrando y saliendo. Lo montaron como una experiencia: hubo música en vivo, puesta en escena cuidada y, sobre todo, las llamadas musas de la marca, amigas y artistas cercanas a Luján, fueron las que caminaron la pasarela. La idea, me dijo ella misma antes del show, fue que durante esos minutos el público pudiera entrar de lleno en el universo LS.
“Quiero que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca.”Luján Sáez
Una diseñadora que se prueba la ropa
El proceso creativo, según me explicó, empieza con una pregunta bastante terrenal: ¿me lo pondría yo? A partir de ahí trabaja con amigas y artistas de su círculo, prueba prendas en cuerpos reales y observa cómo una misma pieza cambia según quién la lleva. Desde ahí ajusta materiales y formas. Es un método casi de laboratorio, pero hecho en el living: ropa que se prueba, se discute y se reforma hasta que deja de ser un boceto y pasa a ser algo que se puede usar.
El imaginario al que apunto es claro. La escena nocturna porteña, los recitales, los clubes y las nuevas generaciones de artistas locales son su fuente de inspiración permanente. Cuando le pregunté a quién le gustaría vestir, no me habló de un rango etario ni de un talle: me habló de una actitud. Le interesa alguien que quiera entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista, dijo. Es una definición que tiene más que ver con la ropa como herramienta de identidad que con la ropa como producto.
“Me interesa vestir a alguien que quiere entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista.”Luján Sáez
El peso del apellido
Hay un tema que en cualquier nota sobre una heredera del diseño se vuelve conversación inevitable: el apellido. Luján lo sabe y lo encara de frente, sin victimizarse ni esquivarlo. Mi apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura, me dijo. Es una frase corta pero dice mucho: asume que hay un piso alto de referencia, pero también deja en claro que la vara la pone ella, no el marketing familiar.
En lo personal, lo que vi en la pasarela y lo que me traje de la charla es que LS no nació para discutirle nada a Ona Sáez ni para repetirla. Nació como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó, resumió ella. Es una frase que describe bien a la marca: un punto de partida que reconoce la herencia pero no se queda pegada a ella.
Lo que sigue faltando
Después de la pasarela, lo que viene siempre es lo más difícil para cualquier marca independiente: sostener la expectativa fuera del show, traducir los aplausos de una noche en clientas reales, producir en escala sin perder la identidad nocturna y artesanal que se vio en N.1. También falta ver cómo se mete LS en el circuito comercial, qué locales la sumarán, cómo se reparten las musas entre la pasarela y las campañas. Y, por ahora, queda una pregunta abierta para los lectores de esta sección: a la hora de mirar una marca nueva, ¿pesa más la propuesta de diseño, el uso de la ropa como identidad o el apellido que lleva en el rótulo? Lo que queda claro es que Luján Sáez ya avisó que piensa jugarla con su propio nombre. Ahora falta el tiempo, que es el juez que ningún desfile puede reemplazar.
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