Neuquén se prepara para lo que pueda llover en un rato: claves para que la tormenta no te agarre sin un plan
La provincia atraviesa suelos saturados por semanas de lluvias y la llegada de El Niño encendió las alertas. Qué recomiendan las autoridades a familias que viven cerca de ríos, arroyos y cañadones, y por qué un barrio tranquilo puede volverse peligroso en minutos.

En la calle Belgrano, como en tantas calles de Centenario, la preocupación ya no es la de siempre. Después de años de mirar el cielo con la esperanza de que lloviera, ahora lo miran con un poco de miedo. Los suelos de Neuquén llegaron al tope de absorción y las tormentas convectivas —esas que se arman en minutos y descargan con toda su fuerza en un área chica— cambiaron las reglas del juego. Lo que hasta hace poco era un cañadón seco o un arroyo que apenas corría puede volverse, en cuestión de minutos, una corriente imposible de cruzar.
La secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, Luciana Ortiz Luna, lo explicó con una frase que a mí me quedó dando vueltas: un lugar puede estar todo el día sin un solo problema y, de golpe, anegarse. Y hay algo todavía más traicionero: el agua no siempre cae donde genera el daño. Una tormenta intensa en una cuenca alejada puede transformar un arroyo que parece tranquilo en una crecida seria que se lleva todo lo que encuentra.
Antes de que suene el teléfono: qué hacer hoy
Lo primero que hay que tener claro, y acá coincido con lo que vienen planteando desde la Secretaría, es que la preparación se hace antes de la emergencia, no cuando ya estás con el agua en el patio. El municipio tiene la obligación de informar y de tener las rutas de evacuación señalizadas, pero en muchos barrios esa información no llega, o llega tarde, o llega en un folleto que nadie lee. Por eso me parece importante revisar uno por uno los puntos del protocolo que difundieron.
- Conocer las vías de evacuación del barrio o la localidad antes de que ocurra una emergencia. Si no están señalizadas, preguntar en la delegación municipal y exigir que las marquen.
- Identificar con anticipación a las personas del grupo familiar o del entorno cercano que puedan necesitar ayuda para trasladarse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores o vecinos con dificultades de movilidad. Tener una lista con nombre y apellido y un responsable para cada uno.
- Armar un kit de emergencia con documentación personal, alimentos no perecederos, agua potable en reserva, elementos para un corte de luz y lo necesario para abandonar la vivienda si las autoridades lo indican. La reserva de agua es clave: las emergencias pueden cortar el suministro.
- En localidades rurales o con accesos vulnerables, contemplar la posibilidad de quedar aislados durante un tiempo. Conocer los puntos de encuentro y los centros de evacuación definidos por el municipio, y tenerlos escritos a mano por si no hay señal en el celular.
- Revisar antiguos cauces fluviales que estuvieron inactivos durante la sequía y que hoy pueden volver a recibir agua. Desde la Secretaría provincial los están mapeando, pero el alerta temprano también depende de que cada vecino avise si ve algo fuera de lo normal.
Roberto, un vecino del barrio Pueblo Nuevo con el que hablé mientras juntaba agua de la cuneta, me decía algo que resume bastante el momento: "Nosotros siempre pedimos que vengan a limpiar los desagües, y ahora nos damos cuenta de que eso era lo de menos. Lo importante es saber a dónde ir si el agua sube de golpe". Tiene razón. La limpieza de cunetas ayuda, pero el problema de fondo es que durante décadas convivimos con un paisaje seco y nos costó entender que eso podía cambiar.
La discusión que todavía no se cerró
Hay algo que me incomoda y que no quiero dejar pasar. El municipio suele aparecer después de la tormenta, con la cámara bastante presente y la promesa de obras que después quedan en el camino. La Secretaría provincial está haciendo lo que le corresponde: difundir recomendaciones y mapear los cauces que se reactivaron. Pero cuando uno mira las calles que se inundan cada vez que llueve fuerte, la pregunta que sobrevuela todo es por qué todavía hay familias en zonas de riesgo sin un plan de evacuación claro y escrito, y por qué los centros de evacuación no están todos georeferenciados y comunicados a la comunidad.
El Niño llegó para quedarse un tiempo y los suelos ya no dan más. La advertencia está hecha, los protocolos están escritos. Lo que sigue faltando es lo de siempre: que la información llegue de verdad a cada casa, que las obras se ejecuten y que la próxima tormenta no nos agarre, otra vez, improvisando en la calle.
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