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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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Una llaga que no se va: la señal en la boca que muchos postergan y que puede cambiarlo todo

Úlceras que no cierran, manchas que aparecen sin motivo y dificultad para tragar pueden ser las primeras marcas de un cáncer oral. Especialistas de Estados Unidos coinciden en que la regla de las dos semanas es la que obliga a golpear la puerta del consultorio. En el barrio todavía se escucha que "es nada, ya va a pasar".

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Una llaga que no se va: la señal en la boca que muchos postergan y que puede cambiarlo todo

En la sala de espera del centro de salud de Parque Patricios, doña Mirta se toca el labio con la lengua mientras espera el turno. Hace tres semanas que tiene una lastimadura ahí, del lado de adentro de la mejilla, y la verdad es que pensó que se había mordido sin querer mientras comía. "Mirá, yo fumé como veinte años y lo dejé, así que pensé que era una afta de las mías, de las que me vienen siempre". Lo que Mirta no sabe todavía es que una lesión que insiste más de dos semanas sin cerrarse es, según la American Cancer Society, la Mayo Clinic y los propios CDC, la señal que obliga a sentarse frente a un profesional y dejar de hacerse la distraída.

Qué mirar cuando la boca avisa

La lista de señales que los manuales de referencia repiten es bastante concreta, y vale la pena repasarla despacio porque uno tiende a subestimar lo que ve todos los días en el espejo. Una úlcera o llaga que no cicatriza es la primera de la fila, pero no la única: también hay que prestarle atención a zonas engrosadas en los tejidos blandos, a manchas blancas o rojizas que aparecen sobre las encías, la lengua o el paladar, a bultos o elevaciones en labios, lengua o mejillas, y a un entumecimiento raro que no se explica.

A eso se suman el dolor continuo en la boca, el sangrado sin causa aparente, la molestia al abrir la mandíbula, la dificultad para masticar o tragar y hasta un dolor de oído que no cede. Ninguno de estos signos confirma nada por sí solo, y de hecho la gran mayoría de las veces termina siendo algo benigno. Pero la consulta, insisten los tres organismos, no se posterga cuando el cuadro no se resuelve.

  • Úlceras o llagas que no cicatrizan en más de dos semanas.
  • Manchas blancas o rojizas persistentes en encías, lengua o paladar.
  • Zonas engrosadas, bultos o elevaciones en labios, lengua o mejillas.
  • Entumecimiento, dolor continuo o sangrado sin causa clara.
  • Dificultad para masticar, tragar o abrir la mandíbula, y dolor de oído que no cede.

Cómo se llega al diagnóstico y por qué la biopsia manda

Cuando alguien llega al consultorio con una de estas señales, el primer paso es un examen físico en el que el profesional mira y palpa cada zona irritada, registra dónde está la lesión y cuánto tiempo lleva ahí. Si algo resulta sospechoso, la palabra clave pasa a ser biopsia: se toma una muestra chiquita de tejido y se manda a analizar para saber si hay células cancerosas o no. Recién después, si la enfermedad se confirma, entran los estudios por imágenes, como la tomografía computada o la resonancia magnética, para ver si el problema se quedó en la boca o se fue más lejos.

Los factores de riesgo: tabaco, alcohol y un virus del que poco se habla

Los CDC son bastante claros con los factores de riesgo más documentados, y el primero no sorprende a nadie: el tabaco, en cualquiera de sus formas, desde el cigarrillo hasta el masticable. El segundo es el alcohol. Pero lo que a veces no se dice con suficiente fuerza es lo que pasa cuando se combinan. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estima que quienes fuman y beben en cantidades elevadas tienen entre cinco y catorce veces más probabilidades de desarrollar cáncer oral que quienes no tienen ninguno de los dos hábitos. No es un dato menor, sobre todo en un país donde el asado del domingo suele venir con vino y donde fumar todavía es, para muchos, un gesto cotidiano.

El tercer factor es el que más cuesta instalar en la conversación: el virus del papiloma humano, en particular el tipo 16. Esa variante se asocia con un riesgo aproximadamente quince veces mayor de desarrollar cáncer en la orofaringe, la zona que incluye la base de la lengua y las amígdalas. Los CDC recomiendan consultar por la vacuna contra el VPH, que existe y que en la Argentina se aplica de manera gratuita en el calendario oficial, aunque todavía son pocos los que la piden sin que se la ofrezcan.

Lo que todavía falta

Lo que me sigue doliendo, mientras escribo esta nota, es que en la mayoría de los centros de salud del conurbano y de los barrios porteños todavía no hay una campaña puerta a puerta que vaya a buscar al que tiene la llaga y no sabe que tiene que mostrarla. La información está, los manuales están, la vacuna está, pero la conversación en la mesa familiar sigue siendo otra. A doña Mirta, finalmente, le dieron turno para la semana que viene con un odontólogo del hospital. "Vamos a ver qué dice", me dijo, con la misma cara de quien no quiere darle demasiada importancia. A mí me queda la sensación de que el municipio debería hacer algo más que esperar a que la gente llegue sola: las señales están en la boca, pero también hace rato que están en la calle.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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